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jueves, 28 de febrero de 2013

¿Cómo?


"¿Cómo hacerlo mejor? ¿Cómo ser más rápido y ágil? ¿ Cómo llegar a todos los sitios?" Una y otra vez, el viento le preguntaba a la lluvia: "¿Cómo no equivocarme de dirección? ¿ Cómo hacer feliz a los demás? ¿Cómo llegar a dónde  creo que seré feliz sin perjudicar a nadie? ¿Cómo ser más fresco y agradable en el contacto con los que quiero? .... ¿Cómo regular mi intensidad ? ¿Cómo puedo escucharme a mí mismo?" .....

Atormentada la lluvia con tantas preguntas imposibles de responder desde afuera, impotente y mimetizada por esta fuente infinita de dudas, lo único que pudo hacer en ese momento, fue compartir lo que sentía al escucharlo: "Querido viento, me debilito al oírte ¿Qué pasaría si te detienes?"

El viento, respondió: "No sé detenerme.Tengo miedo. Si me detengo, desaparezco".

Ana Mariani


sábado, 12 de enero de 2013

El síndrome del trabajador hormiga


El síndrome del trabajador hormiga: una manera de perder el contacto con el aquí y ahora
Esta es la historia de una hormiguita, que al igual que todas las hormigas de su grupo, cuando nació le explicaron que su misión en este mundo era llegar a la cima de una montaña. Esta montaña, se encontraba al otro lado de un pantano que estaba muy cerca de su aldea. Sus padres, le dieron la libertad de escoger el camino que ella creyera conveniente para conseguir la meta, pero siempre recordando que lo esencial era no detenerse ni desviarse de su objetivo, porque en la cima de esa montaña encontraría su felicidad.

Cada mañana, muy temprano, la hormiguita iniciaba su camino hacia la montaña y cada noche soñaba con lo que encontraría en esa cima. Dedicaba mucho tiempo a recorrer su camino, le gustaba mucho el agua y se divertía mucho al sumergirse y explorar diferentes accesos acuáticos, pero inmediatamente recordaba que debía continuar trabajando para alcanzar su felicidad, entonces recuperaba la marcha y se imaginaba lo maravillosa que sería su vida arriba de esa montaña.

También le gustaban los árboles y el color verde de las hojas, trepaba ágilmente en los troncos y miraba el paisaje desde esa altura. Pero, como era responsable y comprometida, no perdía tiempo en esos juegos y continuaba su camino muy centrada en el objetivo. Un atardecer, ya cansada de tanto caminar y nadar se encontró con un pajarito que volaba felizmente por el campo:

Pajarito: "Hola, has visto que hermoso es el color del cielo hoy?."

Hormiguita: No, no he visto nada, además hoy me duelen los pies de tanto caminar y sólo puedo concentrarme en cada paso que doy en este camino.

Pajarito: ¿Y te has dado cuenta que fresca es la brisa del viento a esta hora? ... Yo, cada tarde, mientras construyo mi nido, siento el calor de los suaves rayos del sol en mis alas y cuando llega este momento en que empieza a esconderse la luz, canto una nueva canción! ¿Y tú, a dónde vas  tan apurada?

Hormiguita: Voy en busca de mi felicidad

Pajarito: ¿En busca de tu felicidad? ¿Cuándo se te perdió?

Hormiguita: je je je Tú no entiendes nada, no se me ha perdido, es que aún no la conozco porque está en la cima de aquella montaña. Cuando llegue allí seré feliz.

Pajarito: ¿Y ahora eres feliz?

Hormiguita: ¡Qué preguntas más tontas haces! Pues no sé si soy feliz, cómo podría saberlo si aún no he llegado a la cima?

Pajarito: Es verdad, no te entiendo. Me dices que te duelen los pies y no te detienes, te pregunto si has mirado al cielo y me dices que no te distraiga. Te pegunto para qué vas tan apurada y me dices que vas a encontrarte con alguien que no conoces. Lo siento hormiguita, no te entiendo.

Y así, después del encuentro con el pájaro, la hormiguita siguió su camino. Fiel a sus convicciones de hormiga, cada día trabajó, caminó y le dedicó todo su tiempo a acercarse más y más a su felicidad. Pasaron diferentes otoños y los árboles perdían sus hojas, también en el invierno la nieve cubría su sendero y ella a pesar de las dificultades, no se detenía. Cuando llegaba la primavera, los árboles se llenaban de flores y decoraban el paisaje de diferentes colores, pero la hormiguita no le daba importancia, pues nada tenía sentido sino llegaba a su montaña.

Finalmente, un buen día, la hormiguita llegó a la cima de la montaña. Qué maravilloso era todo desde allí arriba!! Se sentía orgullosa y muy satisfecha de haber conseguido su meta. Se dedicó un momento a contemplar las vistas desde su espectacular montaña. A lo lejos, vio el río y recordó lo azul y cálida que era el agua, también vio los árboles y se dio cuenta de la variedad de hojas, colores y formas que tenían. También a mucho kilómetros de distancia se veían pequeños algunos animales corrían por el campo.

El sol empezó a esconderse en el atardecer y pintó el cielo de un fuerte color celeste y violeta. Contemplando este paisaje desde lo alto de la montaña de la felicidad, la hormiguita se dio cuenta lo bonito que hubiese sido disfrutar de esa inmensidad  y vivir cada día en contacto con la naturaleza que le había acompañado en su camino.

En aquel momento, anhelando su pasado, decidió regresar al campo. Empezó desesperada a buscar un sendero para bajar de las alturas, y mientras sus cansados ojos deseaban encontrar la salida, bajó su vista y miró sus propios pies. Al ver su cuerpo, se dio cuenta en lo anciana que se había convertido, sintió el dolor en su espalda y se dio cuenta como el sacrificio y la exigencia habían hecho allí su trabajo. Agitada, con palpitaciones y angustia tomo conciencia de que ya era tarde para volver. Evidentemente su cuerpo no resistiría un viaje tan largo. Nunca más podría regresar.

Y así, desde la montaña de la felicidad, la hormiguita se dedicó a vivir la vejez en compañía de su gran meta.

Ana Mariani

martes, 24 de julio de 2012

¿Responsables o culpables de ser como somos?



¿Qué responsabilidad tenemos de ser como somos?  ¿Somos culpables o responsables de reaccionar, sentir y pensar de esta manera? ¿ Qué es la RESPONSABILIDAD COMPARTIDA?

Me alejo de la idea de encontrar culpables porque nos conduce a buscar las causas, o las ideas fantaseadas de  "malas" intenciones de los demás junto a nuestro impulso de querer descubrir los "por qué". Aquellos "por qué" que nos transportan hacia un pasado inmodificable. 

Conecto más con una "responsabilidad compartida" desde la conciencia en el  presente, desde el "darse cuenta" de qué me pasa y de qué te pasa en este momento. Poder diferenciar qué es "lo mio" y qué es "lo tuyo", qué proyectas en mí que no tiene que ver conmigo. ¿Qué sientes tú y qué siento yo? ¿Qué piensas tú y qué pienso yo? ¿Qué hago yo y qué haces tú?. Centrarse en el "ahora" es un movimiento hacia elecciones y opciones.

Cómo puedo ser culpable de lo que te genero si desconozco lo que te produzco con mi manera de responder a la vida. El desconocimiento, la incredulidad, la ignorancia, la negación de la realidad del otro nos hace caminar a ciegas en las relaciones interpersonales.La responsabilidad compartida nace en la comunicación y desde el compartir explícitamente nuestras realidades, nuestras fortalezas, miedos y vulnerabilidad. Aprendiendo a escuchar y a hablar, a no dejar los deseos o las propias necesidades en manos de la adivinación de los demás.

Somos responsables de nuestras relaciones interpersonales.Y somos responsables porque somos libres de expresar nuestras necesidades y pedir, entonces desde allí  aprender a escuchar los "si" o los "no" de los demás. Legitimar nuestra realidad hablando en " primera persona": esto me pasa a mí, yo esto lo vivo así, esta es mi fantasía, esta es mi tristeza, mi miedo, mi alegría, mi conclusión, etc etc. Y desde el momento, en que reconozco que mi realidad es legítima porque es mía y además es una posibilidad entre otras perspectivas o realidades que son igual de legítimas que las mías, es cuando conseguimos llegar a acuerdos o abrir nuestros caminos. Aceptando lo que fluye en este momento, en esta realidad que es totalmente completa "aquí y ahora".

Ana Mariani




lunes, 25 de junio de 2012

Asuntos Pendientes





¿Cuál es el último libro que acabaste de leer? Anoche terminé de leer un libro que me había acompañado un largo tiempo, no lo he leído rápido, quizás porque no lo priorizaba o porque siempre voy con prisas y no hallaba ese momento de calma para conectar con la lectura.  Me pesaba no llegar a su fin, cuando lo cerré después de leer la última página sentí una gran satisfacción. Había cerrado un ciclo que yo misma había decidido abrir.

Actualmente se dice que la gente lee cada vez menos, y que la tendencia es buscar más información audiovisual que escrita, sin embargo, empezar y acabar un libro es vivir un ciclo completo. Esta experiencia se origina en la necesidad de conocer más sobre algo y moverte hacia allí, escoger un autor, un título, un tema o una imagen y luego buscar y encontrar ese libro. Poder estar en su compañía durante un tiempo, aprendiendo, descubriendo y emocionándote con cada capítulo. Finalmente alejarte de él, dándote cuenta que esta experiencia ya ha terminado, que ahora esto es un asunto terminado.

¿Cuántos asuntos tenemos pendientes? Laborales, familiares, de amistad… ¿Cómo nos sentiríamos si hiciésemos algo para cerrarlos?

Quién es esa persona que aún tienes que agradecerle algo, o qué pasa con eso que  te enfada y aún no lo has mostrado o qué harás con esa necesidad de acercarte o alejarte de algo. ¿Qué esperas para decir a alguien que le quieres? ¿Cómo estarías si logras cerrar ese asunto pendiente? ¿Qué cambia en ti? ¿En qué pondrías tu energía si concluyes con esto?

Hay asuntos pendientes en los que necesitamos exteriorizar algo frente a otro, pero también, en varias ocasiones esto no es necesario o no es posible. En esos casos, debemos cerrarlo en nuestro interior. Entonces, me pregunto, cuál es el ritual que te regalarás para dar ese paso y cerrar eso en ti? ¿Cómo y cuándo lo harás?
Ana Mariani

miércoles, 23 de mayo de 2012

Amar en libertad



Yo soy Yo.
Tú eres Tú.
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas.
Tú no estás en este mundo para cumplir las mías.
Tú eres Tú.
Yo soy Yo.
Si en algún momento o en algún punto nos encontramos,
será maravilloso.
Si no, no puede remediarse.
Falto de amor a mí mismo,
cuando en el intento de complacerte me traiciono.
Falto de amor a ti,
cuando intento que seas como yo quiero,
en vez de aceptarte como realmente eres.
Tú eres Tú y Yo soy Yo.