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lunes, 12 de noviembre de 2012

El precio de la Exigencia

Cuánto dolor y cuánta presión vivimos y hacemos vivir a los que nos rodean cuando nos dejamos gobernar por nuestra propia exigencia. Esta voz interior nos grita que todo debe ser "AHORA, MAS Y MEJOR"  y  sin piedad siempre quiere ser satisfecha.

¿Cuál es la receta para salir de esta prisión? ¿Cómo convertir ese grito en una voz amiga, en una voz que comparte lo que necesitamos desde nuestra HUMANIDAD y desde el respeto por la humanidad del otro? 

¿Cómo aprender a gestionar esta exigencia?

Una alternativa es aprender a desarrollar el AUTOAPOYO como la capacidad que  nos ayuda a sostener los que nos pasa más allá de lo agradable o desagradable que parezca. Y a su vez, el autoapoyo como una oportunidad de validar nuestras propias necesidades y deseos. Si reconozco que "ésto me pasa, y que ésto necesito" sin exigirme ni exigirle al otro, abro un espacio de intercambio humano. Y en este intercambio se incluye la posibilidad de que no siempre estaremos disponibles para acompañarnos con esta necesidad.

Es decir, el autoapoyo  más allá de las circunstancias convierte la exigencia de "ahora, más y mejor" en  un permiso para decir "CUANDO YO QUIERO Y PUEDO, EN LA MEDIDA QUE PUEDO Y COMO PUEDO" . Y si puedo aceptar que esto es válido para mí, también podré aceptar que es válido para los demás.

Ana Mariani

lunes, 5 de noviembre de 2012

DESESPERACION













Para mí la DESESPERACIÓN es un impacto físico y emocional vivido como la sensación inminente de perder aquello que da sentido a la vida. Algo parecido a lo que describo en el siguiente relato . . .
    
Había una vez una pareja que vivía en un planeta en donde siempre era de día, todo el año brillaba un sol cálido que se expandía por cada rincón de esa tierra. Ellos, al igual que todas las personas que habitaban este lugar, no conocían la noche. Es más, existían mitos que explicaban que en algún otro sitio del universo había un momento en que el cielo se transformaba en un manto negro que tapaba toda la ciudad, pero efectivamente estos eran mitos, y nadie creía que alguna vez sucedería algo así en este brillante planeta. Esta pareja estaba tan acostumbrada a vivir de día, que no podía imaginarse cómo serían sus vidas sin ese fuerte sol que iluminaba sus pasos. Sin embargo, por alguna razón sobrenatural, un gran planeta se interpuso entre el sol y esta radiante tierra, y repentinamente se hizo de noche.

Era la noche más oscura del universo, era todo tan negro que ninguno de los dos encontraba el camino que les llevaba a casa, solos y desesperados caminaban buscándose mutuamente en la oscuridad. No podían verse ni tampoco podían mirarse a sí mismos. Sus ojos no servían en la noche, no reconocían ni a su propio cuerpo. No sabían caminar bajo este cielo negro, sus pupilas no estaban acostumbradas, estaban inseguros y miedosos. Esta especie de ceguera les hacía desconfiar de todo lo que se les acercaba y hasta empezaron a reaccionar agresivamente para protegerse de aquello que no comprendían. Por momentos se tropezaban con diferentes objetos, caían, se detenían y retrocedían. No sabían cómo avanzar, ni tampoco habían elegido esta noche en sus vidas.

Estaban furiosos y la rabia les invadía todo el cuerpo. Ella se sentía vulnerable, débil y desprotegida. Gritaba el nombre de su pareja con toda la fuerza de su voz. Perdía la respiración con cada suspiro, pero todo era inútil. Sentía el vacío de su ausencia en su estómago. El dolor de imaginar que quizás no volvería a ver a su pareja, y que aquello que había soñado a su lado posiblemente no sucedería le hacía sentir pequeña y triste. A su vez, temía por él y por su bienestar, no sabía si su pareja estaba bien o si la oscuridad lo había vencido. Ella habitualmente se movía por sus emociones y sus sueños, pero en esta oscuridad sus ilusiones parecían no tener sentido y hasta se habían vuelto en su contra. Sus sueños y deseos eran ahora sus peores enemigos.Él, a diferencia de ella, corría impulsivamente golpeando todo aquello que se interponía en su camino, desconfiaba de aquello que sus ojos no podían ver. Se sentía impotente al no saber cómo llegar hacia lo que más quería en su vida. Generalmente él controlaba muy bien su propia vida, y todo lo que se había propuesto lo había conseguido, pero sumergido en esta falta de horizonte dudaba tanto de sus propias capacidades como las de su pareja.

Después de mucho andar sin llegar a ninguna parte, cansados y agotados se dejaron caer. Y cada uno de ellos se sintió vencido por el sueño en un extremo distinto de la ciudad . Pasaron algunas horas mientras dormían, y así sin que ellos lo percibieran, lentamente apareció un nuevo momento en este planeta, un puente entre la noche y el día, un puente de cambio, un puente llamado amanecer.  Paso a paso, bajo la suave claridad de esta nueva mañana, esta pareja se encontró nuevamente. Al mirarse, se dieron cuenta que ya no eran los mismos, la angustia, las palpitaciones, el insomnio, la desorientación, la confusión, la frustración y el miedo de la desconocida noche aún se sentía en sus corazones. Estas emociones que tanto les asustaron ahora formaban parte de sus vidas, y a pesar de lo desagradable que esto había sido, ahora estaban juntos y más completos. Ellos dieron un paso más, aprendieron a aceptar que la NOCHE y el DIA forman parte de la vida.

ANA MARIANI
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domingo, 1 de julio de 2012

Cuándo es suficiente?



Cuándo es suficiente? Cuánto es suficiente para ti o para otros? Trabajamos, ahorramos, gastamos, le decimos a las personas que nos rodean que les queremos, también se lo demostramos, estudiamos, vamos al gimnasio, planificamos vacaciones, paseamos, limpiamos la casa, cocinamos, cuidamos de nuestras familias y de nuestros amigos, etc etc … Pero cuándo te das cuenta que ya es suficiente? Qué ya no necesitas hacer ni tener más?



Muchas veces, los demás no lo valoran, ni tampoco lo agradecen, y por otra parte, nosotros tampoco valoramos el esfuerzo de otros, y más aún, no nos damos cuenta de todo lo que siente, hace y se esfuerza por nosotros la otra persona. Y esto es recíproco…

Entonces, hasta cuándo seguir haciendo si los demás no lo valoran? La respuesta es “hasta este preciso momento” porque esta pregunta ahora no existe… Porque si la medida está puesta en la valoración o en la condición de ser valorado por el otro, la pregunta ya estaba desenfocada. Puedes hacer y dejar de hacer todo lo que necesites, y la respuesta a ¿hasta cuándo? la encuentras en tu propio cuerpo, en tus propias emociones, en tus propias conclusiones.

No es tan sencillo, ya que esta necesidad de complacer viene de nuestro legado de la educación infantil. Cuando el niño hace lo que los demás esperan, en su mente infantil percibe que le quieren y que pertenece a un grupo. De lo contrario, se siente culpable y con miedo a ser excluido y a perder el amor de sus padres. Esta conciencia infantil queda instaurada en nosotros, hacemos para que el otro nos ame y nos sentimos con el permiso de aceptar e incluir, o rechazar y excluir a otro en la medida que satisface o no nuestros deseos.

Paradójicamente nuestra libertad está en amar lo que hay en el otro tal cual es, así ya no eres esclavo esperando que el otro te complazca. Y la otra cara de esta libertad, es que soy libre para dar hasta lo que puedo y quiero sabiendo que no dependo de la aceptación del otro. La libertad de hacer y ser uno mismo junto a la libertad del otro es un camino de madurez, evolucionando desde la conciencia infantil que necesita de la mirada del otro, al adulto que puede identificar en sí mismo CUANDO ES SUFICIENTE.

Ana Mariani